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El cortejo fúnebre del Rey Fernando ‘El Católico’ paro en Hinojosa para cambiar de ataúd

El nuevo ataúd de plomo al interior y de madera al exterior fue realizado por un carpintero de Hinojosa

cortejo-funebre-rey-fernando-el-catolico-en-hinojosaJuana la Loca - Obra de Francisco Pradilla- Museo del Prado
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  • El alcalde de Hinojosa adelanta que el año próximo se celebrarán actividades conmemorativas coincidiendo con el 505 aniversario de esta parada del cortejo fúnebre del rey Fernando en Hinojosa

En el día de ayer Isidro Rodríguez, historiador y presidente de la Asociación Camino de Santiago, Camino Mozárabe, compareció ante los medios de comunicación en Hinojosa del Duque, junto a Matías González, Alcalde de Hinojosa y otros miembros del equipo de gobierno, para hablar sobre un hecho de importante relevancia histórica, el paso del cortejo fúnebre del Rey Fernando ‘El Católico’ por Hinojosa del Duque. Un acontecimiento histórico desconocido por los hinojoseños.

El rey Fernando de Aragón falleció el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo (Cáceres) y Rodriguez señala que “alrededor del 28 de enero, 5 días después de su muerte, su cortejo fúnebre, camino de Granada, para ser enterrado junto a su esposa Isabel, fallecida 12 años antes, paraba en Hinojosa del Duque”.

De este hecho histórico se tiene constancia, relata el historiador, “ya que aparece un documento fechado en Granada el día 6 de febrero de 1516, día del entierro del rey, en el que se da fe de que pasa por el lugar de ‘La Hinojosa’.  Este documento constata que el cuerpo que hay dentro del ataúd pertenece al rey Fernando de Aragón ‘El Católico’”.

En la época en la que fallecía el rey Fernando, “tuvo que ser un invierno duro y el transporte del ataúd por ese tipo de terreno, desde Madrigalejo hasta Granada, hacía que la conservación del cuerpo fuera complicada” manifiesta Rodríguez.

Es por ello que hubo la necesidad de dar fe mediante el escrito mencionado anteriormente, de que el cuerpo pertenecía al rey Fernando, ya que al descubrirlo a su llegada a Granada, explica Rodríguez, “vieron que tenía medio rostro descompuesto, dando fe de esto el escribano mayor de Granada, Jorge de Baeza. A raíz de esta descomposición del rostro, es cuando las personalidades que lo acompañaron durante el trayecto, tuvieron que dar fe de la pertenencia del cuerpo al rey Fernando. Entre ellos se encontraban, el lugarteniente del mayordomo mayor del rey, Juan Remírez de Ysuerre, dos frailes del monasterio de Guadalupe y varios monteros que montaban guardia junto al ataud”.

En este documento, aparte de dar fe de que ese cuerpo pertenece al rey, prosigue el historiador, “también se constata que se hizo parada en La Hinojosa, para cambiarlo a un nuevo ataúd, ya que estaba en muy mal estado debido al mal terreno del camino”.

 

Es este el dato más anecdótico relacionado con Hinojosa del Duque, el nuevo ataúd, como el utilizado con el yerno del rey, Felipe el Hermoso en 1506, de plomo al interior y de madera al exterior, “realizado por un carpintero anónimo de Hinojosa para que reposara el cuerpo del rey Fernando, nada más y nada menos que para el Rey de Castilla, Aragón y Navarra. Ya que el ataúd en el que provenía desde Madrigalejo estaba en muy malas condiciones”. Relata Rodríguez. Ataúd en el que posteriormente fue enterrado en la iglesia de San Francisco de la Alhambra.

Según los datos existentes y el ceremonial de la época en Hinojosa se realizarían exequias. El cuerpo habría permanecido en Santa Ana o en la primitiva iglesia de la plaza.

El documento sobre la parada del cortejo fúnebre en Hinojosa del Duque se publicó por primera vez en el año 1916, posteriormente se vuelve a publicar en 1983, esta vez por la doctora Bibiana Moreno. Éste es el documento que estudió Rodríguez y que consiguió a través de la Universidad de Granada.

Pero no es hasta el año 2016 cuando vuelve a cobrar protagonismo en un congreso celebrado en Madrigalejo sobre el V centenario de la muerte de Fernando El Católico, de la mano del profesor José Julio Martín Barba que estudió a fondo el itinerario del cortejo fúnebre y que fue el que se lo dio a conocer a Isidro Rodríguez.

 

El alcalde de Hinojosa señala que “se aceptan propuestas para conmemorar este hecho histórico tan importante y desconocido para Hinojosa del Duque”. Y adelanta, que “el año próximo se celebrarán actividades conmemorativas coincidiendo con el 505 aniversario de la parada del cortejo fúnebre del rey Fernando en Hinojosa”.

En el mismo ayuntamiento de la localidad se expone un cuadro que Isidro Rodríguez ha entregado al Ayuntamiento con el documento histórico que relata esta parada y su traducción desde el castellano antiguo.

El historiador continua estudiando sobre esta parada e investigará ahora si hay documentos en la localidad que constaten este hecho tan importante en la historia de Hinojosa del Duque.

Transcripción literal del fragmento dedicado al paso del cortejo fúnebre por Hinojosa del Duque y el cambio de ataúd, recogido en el libro de José Julio Martín Barba, dedicado al V Centenario de la muerte del Rey Fernando ‘El Católico’, en un congreso que tuvo lugar en Madrigalejo en 2016.

Después de Madrigalejo, Hinojosa del Duque es el primer municipio del que hay constancia documental de que por allí pasó el cortejo fúnebre. Lo sabemos gracias a un documento original firmado por el escribano mayor del Concejo de Granada, Jorge de Baeza, el 6 de febrero de 1516, en la iglesia del convento de San Francisco de la Alhambra, lugar de enterramiento provisional de Isabel y Fernando, por el que se dio fe de que el cuerpo que fue enterrado allí era el del rey Fernando. Curiosamente tal documento se ha conservado por duplicado, uno en el monasterio de Guadalupe y otro en el archivo parroquial de San Gil y Santa Ana de Granada.

El Cabildo de esta ciudad había comisionado a Luis de Mendoza, marqués de Mondéjar y conde de Tendilla, su alcaide y capitán general, junto a tres jurados y tres veinticuatros del ayuntamiento para que identificaran el cadáver del rey antes de ser enterrado. Juan Remírez de Ysuerre, lugar teniente del mayordomo mayor de la casa del rey al abrir un pedaço de la caxa donde estava el cuerpo de su alteza y observar todos los presentes que el rostro de su Alteza, el cual por haber tantos dias estaba dañado y porque no se podia conocer claramente ser aquel el rey nuestro señor , hubo que apelar al juramento de los testigos que habían acompañado al cuerpo desde Madrigalejo. Juraron el mencionado Juan Remírez, fray Antonio de San Gabriel del monasterio de Guadalupe y ocho monteros del rey:

  • […] el dicho Juan Remires dixo e juró en forma de vida de derecho, que aquel era el Rey Don Fernando nuestro señor; e que lo sabía, porque lo puso en el ataud en el lugar de Madrigalejo donde fallesció; e asy mismo despues quando se mudó en el lugar de la Hinojosa en este atavd en que agora está. Y el dicho Fray Antonio dixo e juró por las hordenes que avia rescebido que aquel era el cuerpo del Rey nuestro señor; e que lo sabía porque cuando se mudo en el lugar de la Hinojosa del atavd de donde se puso en Madrigalejo en el que agora está, e él lo mudó e puso del vno al otro, e avia venido con el hasta esta cibdad syn separarse del. E los dichos monteros dixeron que aquel era el cuerpo del Rey nuestro señor; e que lo sabían, porque ellos estavan con su Altesa en Madrigalejo donde fallesció, e lo vieron poner en el atavd que primero puso, y después en el lugar de la Hinojosa mudallo en el que agora está: E lo avían guardado de noche e de día hasta la ora de entonçes, conmo eran obligados. E los dichos Juan Remires y Fray Antonio lo firmaron de sus nombres.

Este documento nos proporciona nombres concretos de algunos de los que conformaron el cortejo fúnebre de don Fernando: ocho monteros del rey , un monje jerónimo del monasterio de Guadalupe, fray Antonio de San Gabriel, que iba acompañado de otros doce hermanos de su orden, además del lugar teniente del mayordomo mayor, Juan Remírez de Ysuerre

Quizá no pensó el marqués de Denia parar en esta localidad, pero surgió el imprevisto del deterioro del ataúd. El traqueteo causado por el movimiento de las andas en los caminos, el vado de los arroyos, y las subidas y bajadas a barcas para cruzar ríos durante las primeras jornadas produjeron un deterioro tal, que se hizo necesario el cambio de caja mortuoria. Muy probablemente hubieron de detenerse una o dos jornadas en esta localidad de la sierra cordobesa mientras fabricaban el féretro nuevo, de plomo al interior y de madera al exterior, como el utilizado con su yerno Felipe el Hermoso en 1506

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